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 Carnaval de Riosucio  

Riosucio es un municipio del departamento de Caldas, localizado a 102 kilómetros del noroccidente de Manizales. Está a 1.783 metros sobre el nivel del mar, con temperaturas que oscilan entre los 20°C y 22°C en su casco urbano. 

El Carnaval de Riosucio o más popularmente conocido como el Carnaval del Diablo, hace parte de una de las tradiciones fiesteras más coloridas y pintorescas de Colombia en la región andina. Sus inicios suelen ser trazados en 1847 cuando dos pueblos rivales y adyacentes, Quiebralomo y La Montaña (San Lorenzo), para sellar un tratado de paz y unidad, celebraron las primeras fiestas. Desde entonces y cada dos años los habitantes se reúnen para hacer jolgorio a la alegría representada por el diablo bueno del carnaval. 

Espero el Carnaval de Riosucio del 2 al 12 de enero de 2009

Historia

Un disfraz típico de diablo durante el Carnaval de 2005. La foto es de Carlos Castro subida a Wikimedia Commons.

La historia del Carnaval es la historia del municipio de Riosucio, una de las poblaciones típicas del Eje Cafetero de Colombia, entre las cordilleras occidental y central. El territorio municipal es bañado por las cálidas aguas del río Cauca al este y se encumbra hacia los páramos de Santa Isabel, Yarumal y Paramillo hacia el oriente, para crear un territorio fértil que produce una gran variedad de frutos de acuerdo al piso térmico.

Riosucio es además un pueblo paisa, es decir, perteneciente a la subcultura colombiana que caracteriza el noroccidente andino y como producto de la memorable gesta de expansión antioqueña que tuvo lugar a partir de la década de los 40 del siglo XIX.

Un pueblo orgulloso de sus ancestros que no sólo ve su cuna en los abuelos españoles, sino también en los valientes aborígenes que son recordados en su historia como los turzagas, chamíes y pirza o los caciques Imurrá, Motato y Cumba, dueños y señores de los valles y montes del lugar en donde se erigiría la futura ciudadela de Riosucio. Concientes además del aporte zambo y mestizo, los riosuceños ven en su Carnaval la expresión de la mezcla de las razas ancestrales que le dan su identidad.

La guerra de los parques

Como una historia medieval contada por un William Shakespeare de Montescos y Capuletos, la población andina nace de una rivalidad teatral. San Lorenzo y Quiebralomo fueron dos pueblos fundados cada uno por dos sacerdotes, José Ramón Bueno de Popayán y José Bonifacio Bonafont de Socorro. Los dos poblados (La Montaña o San Lorenzo y Quiebralomo), tienen como fecha de fundación el 7 de agosto de 1819, justo en medio de las campañas en las que los criollos defendían su independencia de España. La rivalidad de ambos poblados llegó a ser tal, que había dos iglesias y dos parques.

Por otra parte, cada Fiesta de los Reyes Magos (6 de enero), los habitantes de Quiebralomo la celebraban como gran tradición en la cual se mezclaban elementos culturales negros, indígenas y españoles. La fiesta es trazada desde el siglo XVI y reúne elementos tradicionales tan importantes a la región como el culto a la tierra que se representa en el guarapo, el culto al sol y el ancestral culto al jaguar, presente en la religiosidad indígena.

En 1847 el sacerdote José Ramón Bueno lideró la unidad de ambos poblados y reuniéndolos en la Calle del Comercio invitó a ambas poblaciones a firmar la integración bajo pena de ser castigados por el mismo diablo. La fiesta de los Reyes Magos quedó por tanto como símbolo de aquella unificación de un pueblo que tendría en adelante dos iglesias y dos parques, pero un sólo espíritu.

Otros carnavales del diablo en el mundo

Otros lugares reúnen este tipo de fiesta tan particular, que a muchos hace mella por creer que se trate de algún antiguo culto satánico, pero que está bien lejos de semejante. En la ciudad boliviana de Oruro se celebra la Diablada, también conocida en Perú y Chile desde el siglo XIII. Su tradición se remonta a la práctica católica del auto sacramental que representa la lucha entre el bien y el mal y la batalla apocalíptica entre el arcángel Miguel y el diablo. La Diablada también está presente, además del Carnaval de Oruro, en la Fiesta de la Candelaria de Puno (Perú) y en la Fiesta de La Tirana (Chile). En 2001 la Unesco declaró la Diablada de Oruro como “Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad”. La Diablada es una tradición traída esencialmente de España y que se sigue en Perú, Bolivia y Chile especialmente.

Es muy posible que el Carnaval de Riosucio se relacione directamente con una Diablada a ese estilo, pero como ya se señaló, esta es exclusivamente de la tradición cosmogónica católica medieval, mientras que el diablo de Riosucio no cae necesariamente en el esquema de lucha del bien y el mal, sino del diablo bueno de la felicidad.

Origen de los pobladores

La región es rica en oro, motivo que atrajo a los conquistadores españoles que abrieron las minas de Quiebralomo con mano de obra africana. La presencia de los elementos africanos al lado de los elementos indígenas, sería clave en la formación de una identidad zamba y mestiza que se expresa en numerosas fiestas populares latinoamericanas, como la de Pasto con su Fiesta de Blancos y Negros, cuya génesis es similar a la de Riosucio. El elemento de imposición de la fe católica por parte de los conquistadores sobre los indígenas y los africanos, trajo consigo un sincretismo religioso que aún persiste en muchas creencias populares. La actitud exclusivista de la Iglesia Católica medieval expresada también en los procesos de la Inquisición, calificaba como demoníaco, brujería y hechicería todo aquello que fuera indígena o africano. Sus dioses ancestrales, sus creencias populares, sus mitos y sus espíritus, tuvieron que sobrevivir disfrazándose en muchas ocasiones del santoral católico. De esa manera los africanos, fieles a sus tradiciones religiosas, le daban el nombre al dios que les era propio del santo del día en que caía su fiesta y mientras los españoles creían que los negros celebraban con su alegría particular el santo de la devoción, en realidad estos danzaban sus milenarias costumbres.

En esto se podría explicar además la razón por la cual la figura del diablo se hace central en la fiesta. Seguramente para los blancos católicos, la fiesta era una Diablada como la de Oruro y llamaban diablo a la figura que los indígenas y africanos utilizaban y que en realidad no representaba el mal o lo demoníaco según los términos católicos, sino un espíritu poderoso de la alegría y la concordia que unía a todos. El antiguo culto al jaguar, tan presente en numerosas culturas indígenas latinoamericanas, puede ser una de esas formas que los blancos llamaron “diablo”. 

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